¿Contratar a un júnior o a un sénior? Conoce a fondo a los candidatos antes de tomar la decisión


El mercado laboral actual se ha convertido en un espacio de convivencia entre diferentes generaciones: los más jóvenes aportan ímpetu, actitud y energía, los veteranos hacen valer su experiencia, sangre fría y savoir faire. Una situación que será cada vez más habitual en los próximos años, cuando en muchas sociedades las carreras profesionales se alargan más allá de los 70 años.


En principio, esa convivencia intergeneracional beneficia a todas las partes: los trabajadores más experimentados desempeñan un papel clave enseñando o transmitiendo conocimientos a los jóvenes. Por su parte, estos inculcan en las empresas aire fresco y nuevas formas de razonar y organizarse.


Pros y contras de cada generación

¿Qué es más relevante a la hora de contratar talento? ¿Los conocimientos o la actitud? ¿La experiencia o las ganas de aprender? En definitiva, ¿la aportación de un sénior o de un júnior? Para tomar la decisión, antes es necesario considerar las contribuciones más valiosas de cada grupo de edad. En el caso de los séniors, encontraremos:


Experiencia: los trabajadores más veteranos aportan un nivel de conocimiento, reflexión y mundología que no se enseña, solo se puede ganar con los años.

Estabilidad: los mayores prefieren seguridad y continuidad, por lo que suelen presentar menores tasas de rotación o absentismo.

Raigambre: la experiencia ayuda a comprender cómo funciona un negocio o un sector, además de cultivar relaciones consolidadas durante años o décadas.

¿Qué de positivo encontramos en los trabajadores jóvenes? Principalmente:

Productividad: están más acostumbrados a trabajar por objetivos, y siempre tienen ganas de demostrar su valía.

Mente abierta: los jóvenes aportan nuevas ideas, perspectivas y aire fresco. Aprenden rápido y no suelen cargar con prejuicios.

Flexibilidad: la ausencia de compromisos o cargas familiares generalmente les permite adaptarse mejor a cualquier situación.

Claro que también hay que considerar las contras.

● Es posible que los séniors presenten mayor resistencia al cambio: están acostumbrados a una manera de trabajar o razonar, y no siempre están dispuestos a cambiarla.

● Proyectar un plan de carrera a largo plazo es, evidentemente, menos viable.

Y en el caso de los júniors:

Altas tasas de rotación: están formándose como profesionales, probando hasta que encuentran lo que más les conviene.

● Menos acostumbrados a la presión y la responsabilidad, y tal vez a recibir feedback negativo.


Conocer cómo son tus empleados: la clave para la convivencia entre generaciones

Tampoco hay que descartar que en las organizaciones en las que conviven júniors y séniors se produzcan choques o enfrentamientos, que surgen del cuestionamiento de los roles y las normas establecidas.


Por ejemplo, puede haber problemas a la hora de interpretar la cultura corporativa: cuestiones asimiladas por quien lleva mucho tiempo en la empresa, puede que no sean tan obvias para los recién llegados. También pueden surgir roces derivados del modo de trabajar: los jóvenes se centran en la eficiencia y pasan del presentismo, lo que puede dar la impresión errónea de que no se esfuerzan al máximo.


La clave para una convivencia fructífera para la organización está en encontrar el equilibrio entre personalidad y competencias: conocer en detalle cómo son tus empleados, qué saben hacer, cuál es su capacidad de adaptarse al cambio, en qué habilidad destacan, cuáles son sus niveles de empatía o pensamiento crítico, etc.


Las herramientas de evaluación que ofrecemos desde The Wise Seeker permiten identificar las hard y soft skills de cualquier candidato, sea cual sea su edad o nivel de experiencia. De este modo, las empresas pueden buscar a los candidatos que mejor se adapten a su cultura corporativa y a los requerimientos del puesto, o bien evaluar a sus propios empleados para identificar las áreas de desarrollo personal y profesional en las que deben trabajar.


Porque de nada servirá, por ejemplo, ser un hacha de las ventas o tener 25 años de experiencia laboral, pero nula capacidad de trabajo en equipo. Sea júnior o sénior, asegúrate de conocer a fondo a tu próximo empleado antes de contratarlo.

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